La Mesa del Agua se reúne en Salta

La Mesa del Agua se reúne en Salta

Es un espacio de trabajo entre el Estado y la sociedad civil. Abordará la continuidad de políticas públicas para garantizar el acceso al agua a habitantes de zonas rurales, como el Chaco salteño.

Nota de prensa medio: Página 12

La Mesa del Agua se reúne en Salta
La Mesa del Agua en trabajo territorial

La Mesa del Agua, que integran organismos del gobierno provincial y nacional y ONGs, se reunirá hoy de 9 a 12, en la Subsecretaría de Desarrollo Comunitario del Ministerio de Asuntos Indígenas de Salta.

El evento es abierto al público y durante su transcurso se abordará la continuidad de políticas públicas en torno a garantizar el acceso al agua y el trabajo de este espacio como “un esfuerzo entre Estado y Sociedad Civil”.

La primera Mesa en Salta se conformó en 2016 en el marco de un convenio internacional que firmó la cartera de Asuntos Indígenas y del que participaron Fundapaz, plataformas internacionales como Semiáridos de América Latina, la International Land Coalition (ILC), el programa Integrado Trinacional (PIT) y el Servicio Mundial de Iglesias (CWS).

Al comienzo se puso el foco en el norteño departamento Rivadavia por “la necesidad imperiosa de acceso al agua segura de las comunidades rurales dispersas, criollas e indígenas”, explicó a Salta/12 el director ejecutivo de Fundapaz, Gabriel Seghezzo.

Después se fue ampliando a otras zonas de la provincia, ahora la Fundación para el Desarrollo en Justicia y Paz trabaja también con el departamento San Martín. En la reunión de hoy se van a abordar distintos ejes temáticos, uno de ellos es el avance de obras y acciones realizadas por cada uno de los miembros de la Mesa.

Seghezzo indicó que una de las propuestas en la que vienen trabajando es la generalización del modelo brasilero del agua que permite garantizar una solución para la población rural dispersa. Esa iniciativa se basa en la construcción de cisternas que captan agua de lluvia para el consumo humano y tienen un sistema de almacenaje para seis o siete meses.

Hasta el momento se han construido más de 60 en casas de campesinos del Chaco salteño, aunque las necesidades que informó la provincia serían de 2000 solo en Rivadavia, donde “el 50% de la población vive en zona rural, no en los pueblos”.

En este departamento “existía un problema grave del agua porque la subterránea tiene mucha sal (…), en algunos casos tiene arsénico. En otras situaciones no hay o está muy profunda y es costoso sacarla”, contó el director de Fundapaz.

Seghezzo explicó que en la Mesa trabaja de forma articulada “para identificar necesidades prioritarias”. La construcción de cisternas se realiza “con el enfoque de garantizar el acceso al agua como derecho universal básico”.

Cada cisterna cuesta alrededor de 1200 dólares, la captación del agua se hace en los techos. Estos proyectos se financian con fondos de cooperación internacional y también del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación a través del INTA, que también está implementando este modelo y “la provincia no es la que más construye, hizo entre 8 o 9”.

No es un sistema improvisado, se copió de Brasil, donde ya llevan construidas 1.200.000 en 20 años”, dijo Seghezzo. Aclaró que es un modelo de movilización y capacitación social, “son las comunidades las que se apropian de la tecnología, aprenden el uso, y construyen las cisternas, es un esquema participativo”.

 

Una ley para las cisternas

Otro de los temas que se evaluará en la Mesa este martes tiene que ver con las capacitaciones y análisis de agua que se hacen en las zonas y el plan de trabajo a seguir a partir de un acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Grupo de Estudios e Investigadores Socio-ambientales del Instituto de Investigaciones en Energías No Convencionales (GEISA-INENCO) de la Universidad Nacional de Salta.

Se hablará sobre el estado parlamentario del proyecto de ley de agua en Salta, promovido por la Mesa, que consiguió este año media sanción en Diputados y espera el tratamiento en el SenadoLa iniciativa plantea que las escuelas y viviendas que se hagan en zonas rurales tengan cisternas para la cosecha y depósito del agua.

Además, en la reunión se planteará la creación de la Mesa del Agua en Irala Fernández, en el Chaco paraguayo y su vinculación con la de Salta.Otro de los puntos será la organización del Foro Público sobre el Agua en el Chaco salteño, propuesto por la Mesa y la OPS para la última semana de noviembre o la primera de diciembre.

La Mesa también planea realizar antes del cambio de gobierno un evento público sobre el trabajo que vienen haciendo con el objetivo de que sea tenido en cuenta por la próxima gestión.Participan de la Mesa el gobierno provincial, organizaciones sociales y campesinas, Fundapaz, GEISA-INENCO, el CONICET, el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, el INTA y la OPS.

La lucha por la tierra y el agua en el Chaco salteño

La lucha por la tierra y el agua en el Chaco salteño

La lucha por la tierra y el agua en el Chaco salteño
Mapeo. Es fundamental para delimitar las tierras y evitar conflictos. Las cisternas reemplazan a los pozos, muy contaminados. | fundapaz / grasso

Representantes de pueblos originarios, campesinos y ONGs realizaron un foro para revelar la difícil vida de las comunidades de esa zona del norte de Salta.

Nota prensa medio: Diario Perfil

En plena Ciudad de Buenos Aires se escucha: “Ustedes están acá tomando agua de una botella como si fuera algo natural. Bueno, para muchos de nosotros esta escena es de lo más extraña”. Lo dijeron representantes de comunidades indígenas y campesinas del Chaco salteño, en el marco del foro sobre el acceso a la tierra y al agua en poblaciones rurales del Chaco trinacional (argentino, boliviano, paraguayo), que se realizó esta semana en el Hotel Castelar.

Agua y tierra. En Salta, tanto pueblos originarios como campesinos aún deben viajar horas para poder conseguir una canilla con agua potable. El Chaco salteño es una de las zonas más postergadas y eso no es una novedad: el 41% de los hogares no tiene agua, o si tiene, paga por ella hasta ocho veces más que en centros urbanos. A eso se suma que en las poblaciones que cuentan con pozos, las napas tienen gran cantidad de sales y arsénico.

El otro gran problema: la tierra. Históricamente, éstas pertenecen a organizaciones wichis, pero con el tiempo fueron llegando criollos que convirtieron muchas en tierras fiscales o fincas privadas. Lo que fue generando un grave problema de titularidad, del cual la gran mayoría de las veces el Estado se ausenta.

Sin embargo, diversas ONG en la zona, como Fundapaz y Asociana, comentan que las comunidades no se quedan de brazos cruzados. Desde el año 2000, estas organizaciones comenzaron a brindar capacitaciones a líderes de las comunidades para el relevamiento de mapas a través de GPS en zonas en que jamás habían contado con uno.

“Los mapas siempre han sido una herramienta de control y dominio, pero en este caso las comunidades se apropiaron del espacio y lo entendieron, porque son zonas en los que no hay había nada de información”, asegura la antropóloga Chiara Scardozzi.

El mapeo de la zona lleva a comprender a quién pertenecen esas tierras, cuáles son los límites y en qué zonas se carece de abastecimiento de agua.

“El mapeo ha sido una revaloración del territorio. Es una puesta en valor de lo que son y pueden hacer, de lo que saben y lo que tienen. Hay que terminar con el paradigma de la región pobre, ya todos sabemos lo pobres que son”, destaca la antropóloga, quien vivió ocho años con comunidades wichi.

Foro. El encuentro fue organizado por la Fundación para el Desarrollo en Justicia y Paz (Fundapaz) y el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), de la ONU.

En el foro, al que pegó el faltazo el gobernador Juan Manuel Urtubey, tres comunidades presentaron sus experiencias en la resolución de conflictos territoriales y de acceso el agua del Chaco trinacional, gracias a la implementación del mapeo participativo.

“Estos permiten salir de un problema en particular para ver que son problemas de muchos, de la zona, y eso cambia las cosas”, afirma Gabriel Seghezzo, director ejecutivo de Fundapaz.

Desde las comunidades, Rogelio Segundo, cacique de la Misión La Curvita en Santa Victoria Este, departamento de Rivadavia, donde viven 104 familias, narra: “Los ríos están contaminados. Los criollos no delimitan el territorio de pastoreo de los animales, entonces no podemos cosechar. Los pozos de agua tienen más de veinte años y sabemos que tienen arsénico. Pero no tenemos otro acceso. Los niños nacen con malformaciones. Problemas en los dientes”.

Gracias al mapeo en esa zona, promocionado por las ONG, se pudo determinar el acceso a la tierra de pueblos originarios y familias campesinas de un total de 643 mil hectáreas: 400 mil para 71 comunidades indígenas, y 243 mil para 462 familias.

Sin embargo, el Estado no se los reconoce. Por lo cual, Segundo advierte: “El mapa nos sirvió para que cada comunidad sepa hasta dónde era su tierra. Ahora estos mismos mapas los presentamos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para que le exija al Estado actuar en este caso”.

Este cacique recalca: “Allí tenemos nuestros lugares sagrados. Protegemos las especies. Buscamos terminar con la tala indiscriminada. Ya tuvimos 21 prórrogas por parte de la Corte en los últimos cinco años y sigue todo igual. No nos dan una respuesta”.

La otra zona rural donde se avanzó con el mapeo es en Los Blancos, 300 kilómetros al sur de Santa Victoria Este, cerca del límite con Formosa.

De un lado de las vías, viven las comunidades wichi, y del otro, los campesinos. Comparten la escuela, la sala de salud y la canilla de agua potable del pueblo.

El coordinador zonal wichi, Néstor Montes, quien fue capacitado para el mapeo, brinda un panorama: “Nuestro problema principal es el agua. Hay once comunidades que no tienen acceso. Vivimos con niños bajo peso. Hay mucha deshidratación. Hicimos una cisterna pero no da abasto”.

Por su parte, la secretaria zonal campesina de Los Blancos, Rebeca Soraire, agrega: “Nosotros los campesinos jamás nos vamos a sentir de igual a igual. El mapeo nos mostró la gravedad de nuestra propia situación, ya que por ejemplo de 130 familias de la comunidad, 120 tenían problemas de tierra, y todas estaban sin agua”.

“Nosotros también somos parte del país”

“No nos queremos morir acarreando agua”, afirma con total soltura y fuerza Rebeca Soraire, secretaria zonal campesina de Los Blancos, quien todos los días pedalea dos horas en su bicicleta desde la zona rural hasta el pequeño poblado para hacer la fila diaria y llenar su botella en la canilla de agua potable del centro urbano. “Muchas veces aprovechamos cuando nuestros chicos están en el colegio para cargar los bidones y después volver”, dice. Del foro también participaron el ministro de Asuntos Indígenas y Desarrollo Comunitario de Salta, Luis Gómez Almarás, y la subsecretaria nacional de Hábitat y Desarrollo Comunitario, Marina Klemensiewicz, quien aseguró que “el gobierno nacional está invirtiendo 3.200 millones de pesos en infraestructura en la provincia de Salta, y la mitad del total está destinado al Chaco salteño”. Pero Rebeca reclama “más presencia del Estado. Nosotros también somos parte del país. Estamos cansados de promesas”. Los organizadores del foro fueron la Fundación para el Desarrollo en Justicia y Paz (Fundapaz) que desde 1973 trabaja por el desarrollo rural sustentable con comunidades indígenas y campesinas en la región del Chaco argentino, y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), una agencia de Naciones Unidas.

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