Jóvenes que construyen futuro en sus comunidades

En distintas comunidades del norte argentino, jóvenes wichí y guaraní están dando sus primeros pasos como emprendedores, impulsando iniciativas propias que buscan mejorar sus condiciones de vida y aportar al desarrollo de sus territorios.
A partir del proyecto “Capacitación para jóvenes de comunidades wichí y guaraní del noroeste argentino”, que llevamos adelante con el apoyo de Adveniat, fueron seleccionados y financiados 16 emprendimientos impulsados por jóvenes de Salta y Jujuy. Detrás de cada uno de estos proyectos hay historias, aprendizajes y el deseo de construir un futuro en sus comunidades.
Entre las iniciativas seleccionadas se encuentran propuestas vinculadas a la producción de alimentos, huertas, oficios y servicios. Pero más allá de la diversidad de rubros, todas comparten un mismo punto de partida: el compromiso de los jóvenes con sus territorios.
Este proceso es el resultado de un camino de formación y acompañamiento que se desarrolló desde 2024. El proyecto tuvo como objetivo fortalecer el liderazgo juvenil, la identidad cultural y la participación comunitaria, promoviendo que los jóvenes se reconozcan como actores clave en sus territorios.
Para ello, se llevó adelante la “Ruta de Encuentros de Juventudes”, una serie de espacios de formación e intercambio en los que participaron jóvenes de comunidades guaraníes del Ramal jujeño y de comunidades wichí de Salta. En total, se realizaron ocho encuentros en distintas localidades de ambas provincias, donde más de un centenar de jóvenes pudieron compartir experiencias, reflexionar sobre sus realidades y proyectar iniciativas propias.

A lo largo de estos encuentros, se trabajó en el reconocimiento de la identidad, el fortalecimiento organizativo y la construcción de ciudadanía, generando espacios de diálogo donde las juventudes pudieron expresar sus inquietudes, intereses y expectativas.
En una segunda etapa, se realizaron talleres de acompañamiento técnico para la formulación de proyectos, donde los participantes desarrollaron sus ideas en propuestas concretas, incorporando herramientas para evaluar su viabilidad económica, social y ambiental, así como su impacto en la comunidad.
La selección de los emprendimientos fue el resultado de este proceso, que no solo buscó identificar iniciativas con potencial, sino también fortalecer las capacidades de las juventudes para pensar, planificar y llevar adelante sus propios proyectos.
Emprendimientos seleccionados y sus protagonistas
El proyecto no solo ha permitido la creación de 16 emprendimientos, sino que ha dado vida a historias de jóvenes decididos a cambiar su futuro y el de sus comunidades. Con esfuerzo y dedicación, estos jóvenes están transformando sus ideas en proyectos productivos, siempre con la mirada puesta en el desarrollo económico local y en la preservación de sus tradiciones culturales.
En la comunidad Kolla Guaraní de Calilegua, Jujuy, Gustavo Silva se ha lanzado a la producción de alfajores artesanales bajo el nombre de “Pita’Iyu”. Con una visión clara de futuro, Gustavo comparte su experiencia: “Las capacitaciones nos han brindado mucho para nuestro crecimiento, para que a futuro podamos hacer algo más industrial y llegar a más gente. De esa manera, poder dar a conocer nuestra comunidad, nuestra cultura y lo que conlleva el proceso de elaboración de alfajores”. El mismo deseo tiene Guillermo Saravia, joven de la Comunidad El Artesano de Los Blancos, Salta, quien lleva adelante un emprendimiento de producción de lechones: “Esta oportunidad que me dan me va a permitir empezar mi propio negocio a escala”.

Aldana Estucasio, de El Bananal, Jujuy decidió emprender en la venta de comida. Este proyecto, además de ser su fuente de ingresos, representa su sueño de ayudar a su familia y, algún día, abrir un bar-comedor: “Gracias a los cursos, aprendí a valorar lo que uno tiene y a reconocer el valor del trabajo”. Un sentimiento compartido por Verónica, también dedicada a la venta de comidas: “El microemprendimiento fue de mucha ayuda, porque con eso puedo sustentar mi casa y mi estudio. Hago sándwiches, empanadas, y estoy vendiendo. Quiero seguir creciendo, para en un futuro alquilar un local para poder producir más y tener más salida”.
En sus testimonios, los jóvenes no solo transmiten el entusiasmo por sus proyectos personales, sino que comparten el deseo de ayudar a otras personas. “Quiero agradecer por la ayuda que me dieron para avanzar en mi emprendimiento, con todas las herramientas que me pudieron brindar, me permite ayudar también a personas que lo necesitan e impulsarlos a lanzar sus emprendimientos”, cuenta Álvaro Pereira. Un caso similar al de Ramón Díaz, un joven hipoacúsico de El Bananal que logró empezar su propio taller de soldadura. “La idea es ayudarlo a que saque adelante su proyecto de trabajo, para que pueda independizarse. Ahora, por el proyecto que le ayudaron a hacer, su devolución es hacer cosas por la comunidad”, cuenta la mamá de Ramón

Pero las historias no terminan ahí. Facundo Jiménez, en El Bananal, está llevando adelante su emprendimiento de peluquería, mientas que Noelia Acosta, en La Unión, Salta, pudo comenzar la producción en una huerta agroecológica. Jorgelina Vallejos, en la Comunidad La Ruedita de Los Blancos, empezó su emprendimiento de corte y confección de indumentaria de mujeres wichí, y Analía Vallejos, de la misma comunidad, está creciendo en la venta de productos en su almacén “Todo suelto”.
Algunos emprendimientos, además, son parte de un esfuerzo en conjunto con las familias: es el caso de Leonel Vallejos, de la Comunidad La Ruedita de Los Blancos, quien empezó un taller de motos y gomería junto a su papá, y de Noelia Barraza, de la Comunidad Lote 6 de Los Blancos, quien se dedica a la venta de pan casero junto a su mamá.
Cada uno en su área, los emprendimientos se han convertido en una herramienta para la transformación social, con un impacto positivo en las comunidades. “Espero que sigan apoyando los sueños de los jóvenes indígenas”, expresó con esperanza Guillermo Saravia.

Un futuro prometedor
Más allá de los resultados concretos, el proyecto dejó aprendizajes y transformaciones que van mucho más allá de los emprendimientos. Los espacios de encuentro permitieron fortalecer la confianza, generar redes entre jóvenes de distintas comunidades y abrir nuevas perspectivas sobre el futuro.
“Yo pensaba que para progresar había que irse, pero cuando visitamos Yariguarenda, un joven de ahí nos contó que desde nuestro lugar podemos prosperar y no tenemos que pensar en irnos, si no prepararnos y quedarnos en nuestra tierra”, expresó uno de los participantes, sintetizando una de las ideas que atravesó todo el proceso: la posibilidad de construir oportunidades desde el propio territorio.
Desde FUNDAPAZ creemos que fortalecer a las juventudes es clave para el desarrollo de las comunidades. Acompañar estos procesos implica no solo brindar herramientas, sino también generar espacios donde los jóvenes puedan reconocerse, organizarse y proyectarse. Porque cuando las juventudes tienen oportunidades, también crecen sus comunidades.

