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Reconocer las raíces para construir el futuro

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¿Qué cosas nos identifican con el lugar donde vivimos? ¿Qué aprendimos de nuestros abuelos? ¿Qué queremos cuidar y qué futuro imaginamos para nuestras comunidades? Jóvenes del Pueblo Guaraní se encontraron en Jujuy para compartir estas preguntas y comenzar una nueva etapa de formación y trabajo colectivo en el marco de una iniciativa que impulsamos desde FUNDAPAZ con el apoyo de Adveniat.

Un tucán. El yaguareté. Un lapacho. El río Piedras. La caña de azúcar. El Arete Guasu. Con esas palabras, elegidas por los propios jóvenes para contar algo del lugar del que vienen, comenzó el taller “Juventudes y Territorio”, realizado en Libertador General San Martín, Jujuy.

Participaron 21 jóvenes de Yuto, Bananal, Fraile Pintado, Calilegua y Libertador, integrantes de distintas comunidades indígenas guaraníes, como Cuape Yayembuate, Hermanos Unidos, Caminemos Juntos, Colla Guaraní e integrantes de la Casa Pastoral. La propuesta fue detenerse a mirar el territorio que habitan, reconocer aquello que forma parte de su identidad y pensar qué lugar quieren ocupar en su presente y su futuro.

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Un territorio es mucho más que un lugar

Durante la jornada, los jóvenes construyeron colectivamente mapas de sus territorios. Pero no se trató solamente de ubicar lugares. En esos mapas aparecieron las Yungas, los ríos San Lorenzo y Piedras, los cultivos de banana, mango, cítricos y tomate, la caña de azúcar y el ingenio. También estuvieron presentes las celebraciones, las máscaras guaraníes, el Pim Pim, el Arete Guasu y aquellas comidas que los participantes asociaron con el “olor a casa”: locro, tamales, humitas y chicha.

También se preguntaron por el paisaje sonoro: cómo suena el territorio. Y entonces aparecieron el viento, la lluvia, los pájaros, los sapos y el carnaval, junto con otros sonidos que forman parte de la vida cotidiana, como los vehículos que circulan por la Ruta 34.

Reconocer todo aquello que los rodea llevó también a preguntarse qué quieren proteger. Entre las respuestas surgieron el agua, la tierra y los bosques, el cuidado de animales como el tapir y el tucán y, especialmente, el respeto y la valoración de los adultos mayores.

 

“¿De qué estoy hecho?”

Hacia el final del encuentro llegó otra pregunta. Cada participante recibió la invitación a mirar hacia adentro y completar una silueta con palabras que expresaran aquello que forma parte de su identidad.

Las respuestas volvieron a unir pasado, presente y futuro: “el aprendizaje de mis abuelos”, “las historias de mi comunidad”, “creencias ancestrales”, “la riqueza de la tierra en la que vivo”, “las enseñanzas de mis padres” y “sueños por cumplir”. Detrás de esas palabras aparece una de las ideas que guía este proceso: para poder imaginar hacia dónde ir, también es necesario reconocer de dónde venimos.

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Una nueva etapa de un camino compartido

El taller forma parte del proyecto “Fortalecimiento institucional y organizativo de las juventudes del Pueblo Guaraní y Wichí”, que llevamos adelante con el apoyo de Adveniat, dando continuidad a un trabajo conjunto que venimos desarrollando desde hace varios años.

A lo largo de ese camino hemos generado espacios de encuentro y formación para que jóvenes wichí y guaraní puedan fortalecer su identidad, construir sus proyectos de vida, desarrollar capacidades de liderazgo y participar activamente en las decisiones y procesos que atraviesan a sus comunidades.

Ese recorrido también incluyó intercambios entre jóvenes de distintos territorios y el acompañamiento de emprendimientos productivos, buscando que puedan generar oportunidades económicas sin que eso implique necesariamente alejarse de sus comunidades, sino encontrando también posibilidades de desarrollo desde sus propios territorios.

“Juventudes y Territorio” abre ahora una nueva etapa de ese proceso. Es el primer encuentro de un trayecto que continuará trabajando sobre la identidad, la participación y los proyectos de vida de las juventudes, buscando que sean capaces de reconocerse desde sus raíces y, desde allí, empezar a pensar sus sueños y proyectos para el futuro.

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Jóvenes del Gran Chaco participaron de un Intercambio en Brasil

A mediados de octubre participaron en una nueva actividad de DAKI SV

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En el marco del 3er Programa de Formación en Agricultura Resiliente al Clima del proyecto DAKI – Semiárido Vivo, del 16 al 20 de octubre se realizó otra edición de los “Intercambios de conocimientos en las regiones semiáridas de América Latina”. La actividad, que reunió a jóvenes del Gran Chaco Americano, del Corredor Seco Centroamericano y del Semiárido brasileño, se hizo en Brasil, en el interior de los estados de Paraíba y Pernambuco.

Alrededor de 50 participantes compartieron diversas experiencias en las que aprendieron sobre organización y prácticas agrícolas lideradas por los propios jóvenes. La formación tiene como objetivo potenciar la construcción conjunta de conocimiento, la creación de redes a partir de la identificación y la visibilización de experiencias que permiten vivir en convivencia con las regiones semiáridas. También busca promover políticas públicas que mejoren la vida en los territorios.

“En el intercambio pude ver cómo es la participación de los jóvenes en Brasil. Cómo ellos se involucran en la defensa del territorio, en la agricultura y en la producción. Visitamos la familia de un joven que tiene una cisterna de 52.000 litros. Allí tienen una plantación de mandioca y hacen apicultura. Nos contaron que el agua no se desperdicia para nada. Hacen una purificación del agua que se usó, para que se vuelva a utilizar en huertas más pequeñas donde plantaron lechuga, cilantro, entre otras cosas”, contó Noelia Quispe, de la comunidad wichí Lote 75 de Embarcación, Salta, al regreso del viaje.

“Trabajan en conjunto-agregó- en la defensa del territorio. En una visita nos explicaron que se armó un grupo de 40 jóvenes de diferentes comunidades para defender el territorio ante el Gobierno que quería sacárselo. Fue una experiencia muy buena, me vine con nuevas ideas y estoy pensando cómo puedo replicar algunas cosas en mi zona.”

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Expresiones culturales, prácticas agrícolas, organizativas, intercambio de conocimientos y vivencias cotidianas fueron nutriendo la hoja de ruta de las visitas.

“De los recorridos que hicimos lo que más me gustó, es ver cómo se utiliza el gas que se obtiene de la bosta de vaca. En cuanto a la participación de los jóvenes, vi lo importante que es que se los convoque para que no se pierdan los conocimientos. Por ejemplo, mostrar cómo se hace para sembrar. Donde vivo se necesita mucho de esto.

En Brasil ponen mucho esfuerzo en todo y tienen un corazón solidario para que los jóvenes puedan involucrarse. Voy a tratar de llevar adelante proyectos teniendo en cuenta lo importante que es que todos estemos unidos”, comentó al final del intercambio, Claudio Mansilla de una comunidad Qom de la zona de Castelli, Chaco, que acompaña la Junta Unida de Misiones (JUM).

Gustavo Silva de Calilegüa, Jujuy, miembro de la comunidad Colla Guaraní Hermanos Unidos destacó la motivación que se experimenta en el país vecino: “Lo que veo de diferente, es que acá hay mucho entusiasmo en hacer algo cuando alguien lo propone. En nuestras zonas suelen aparecer dudas o cuestionamientos. Si se trabaja, pero falta más solidaridad”, agregó al analizar el trabajo juvenil.

Estas y otras experiencias fueron nutriendo un intercambio que puso su mirada en el futuro de los semiáridos de América Latina y sus poblaciones.