Agua segura en el Norte, La tecnología social que transforma la lluvia

Agua segura en el Norte: La tecnología social que transforma la lluvia

Agua segura en el Norte, La tecnología social que transforma la lluvia

Nota de prensa medio: Radio Buenos Aires

El titular de FUNDAPAZ, Gabriel Seghezzo, brindó detalles sobre la reciente certificación de constructores de cisternas como oficio, una iniciativa impulsada en conjunto con el gobierno salteño y la Universidad Provincial de Administración Pública de Salta (UPATECO). El objetivo de esta formación es transformar a dirigentes campesinos e indígenas que ya venían trabajando en la construcción de estos sistemas en profesionales matriculados, siguiendo un modelo que logró un éxito masivo en Brasil. Seghezzo explicó que esta medida busca ofrecer una solución concreta y descentralizada a la grave problemática del acceso al agua segura que afecta a la población rural pobre y dispersa de la región chaqueña.

El especialista destacó la urgencia de atender esta necesidad fundamental, remarcando que en el norte argentino, especialmente en la región semiárida del Chaco, la gente suele tener agua salada, con arsénico o contaminada, lo que imposibilita el consumo seguro. En diálogo exclusivo con Radio Buenos Aires AM 1350, Seghezzo señaló que la solución proviene de una metodología simple, pero efectiva, utilizada en el nordeste brasilero: la captación de agua de lluvia. “El agua de lluvia en muchas regiones del mundo, semiárido, es la mejor agua, es el agua pura que llega a un techo y que debe ser captada, conducida, conservada y gestionada”, afirmó el presidente de FUNDAPAZ.

Durante el curso, realizado entre el 11 y el 13 de noviembre, 18 constructores lograron certificar su oficio. Esta profesionalización integra la parte práctica con conceptos teóricos cruciales como seguridad e higiene, trabajo decente, y gestión de la calidad del agua, un paso considerado fundamental por la organización. El experto subrayó que es una estrategia de adaptación frente a los fenómenos climáticos extremos: “Lo que está ocurriendo… es una extrema, un [que tenemos] fenómenos más extremos. Entonces, vos tenés en los períodos de lluvia son mucho más intensos que producen inundaciones masivas y períodos de seca y calor mucho más intensos que recrudecen el problema de falta de agua”.
Seghezzo también hizo hincapié en la importancia de la participación de las familias y la sociedad civil para el éxito de estas iniciativas, evitando lo que él denomina las «obras fantasmas». El sistema tradicional consiste en una cisterna de 16.000 litros de almacenamiento y 40 metros cuadrados de captación, diseñada para que una familia tipo consuma agua de bebida durante los 8 meses de sequía. La clave de esta tecnología social, según el titular de FUNDAPAZ, reside en que las familias se apropian de la solución. “Cuando uno pregunta a la gente, ¿cuáles son las fuentes de agua? Nunca mencionan a la lluvia como una fuente de agua, es una cosa muy particular… cuando es la mejor agua que hay”, concluyó. El derecho al acceso al agua segura es, para la entidad, un derecho humano básico y una responsabilidad compartida entre el Estado y la sociedad.

La entrevista completa donde Gabriel Seghezzo detalla el impacto y la proyección de esta iniciativa está disponible en nuestro canal oficial de YouTube: Radio Buenos Aires.

Niños wichis muertos por falta de agua - Puede haber esperanza

Niños wichis muertos por falta de agua: ¿Puede haber esperanza?

Niños wichis muertos por falta de agua - Puede haber esperanza

Nota prensa medio: Aleteia

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Para entender el presente y las perspectivas de estas comunidades, Aleteia conversó con Gabriel Seghezzo, director ejecutivo de FundapazAl menos nueve niños wichis murieron en el norte argentino en lo que va del año por cuadros asociados a la falta de agua potable en sus comunidades del norte de Salta, en el Chaco argentino.

Ante el estado público de la cuestión, el gobierno argentino lanzó un plan de emergencia para alcanzar poblaciones que parecen aisladas de la civilización, y cuyos padecimientos asociados a la deforestación, clientelismo político, actividades económicas ilegales, entre otras, mucho tienen que ver con aquella de la que advierte el papa Francisco en “Querida Amazonia”.

Sin embargo, desde hace décadas organizaciones trabajan para atender una emergencia que, si bien parece crónica, puede tener perspectivas de solución.

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Para entender el presente y las perspectivas de estas comunidades, Aleteia conversó con Gabriel Seghezzo, director ejecutivo de Fundapaz, Fundación para el Desarrollo en Justicia y Paz, organización que desde 1973 trabaja por el desarrollo rural sustentable de comunidades indígenas y familias campesinas de la región del Chaco argentino, en la que ocurrieron estos fallecimientos.

Desde Salta, Seghezzo explica que el uso de estas tierras por partes de estas comunidades es “ancestral”. En algunos casos, se trataban de hábitats distintos, previos a actividades económicas que los transformaron por completo. “Se calcula que al menos están ahí hace unos 7.000 años. Esto era un territorio único a lo largo de los dos grandes ríos, el Bermejo y el Pilcomayo. En las últimas décadas muchas comunidades fueron accediendo a sus títulos de tierra”, algunas en sus comunidades originales y otras en otras tierras fiscales del Estado, aclara.

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La etnia más numerosa

En la zona existen 5 etnias a lo largo del río Pilcomayo y Bermejo. La wichi es la más numerosa pero también hay Tobas, Chorotes, Tapietes y Chulupies. “Estas 5 etnias además conviven hoy con lo que llamamos pobladores criollos ganaderos que en muchos casos sufren las mismas problemáticas que las comunidades con un uso del territorio diferente y por el cual han tenido muchos conflictos, ya que son ganaderos”, completa. La Emergencia pone foco en los wichis, aunque las condiciones afectan a todos.

 

Con la tierra no alcanza

Durante años se puso foco en la titularidad de las tierras que habitan estas comunidades. Pero aún con importantes avances en el tema, la situación sigue siendo crítica. Existen muchas comunidades, aclara Seghezzo, que no tienen titularidad de las tierras y territorios, aunque en Santa Victoria, una de las zonas más problemáticas de acuerdo a lo denunciado estas semanas, “luego de décadas de reclamos y propuestas” en 2014 se cedió la titularidad de 400,000 has a comunidades, y 243,000 has a campesinos criollos”. No obstante, “hoy está pendiente la realización de muchas obras de caminos, acceso al agua, escuelas, hospitales y un programa de reconversión ganadera para los criollos y un plan de manejo de los recursos para las comunidades para que dicho acuerdo se plasme en el territorio dejando ambos grupos ubicados definitivamente en donde les corresponde”.

En este punto, Seguezzo advierte sobre la situación que, observan los expertos, más afectó la salud de los niños fallecidos: “El acceso a la tierra necesita imperiosamente la necesidad de resolver el acceso al agua para que sea efectiva la ocupación efectiva de los territorios”.

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Agua incompatible con el consumo humano

La zona de Rivadavia, junto con la de Santa Victoria una de las que concentran las alarmas, “tiene en general problemas serios de agua subterránea, ya sea salina, con arsénico, o ambas, dependiendo de la zona del departamento que se trate”. Además, completa, el 52% de la población rural está dispersa, “lo que hace muy difícil o imposible por temas de costos perforar pozos profundos de más de 200 mts para cada familia”.

 

Soluciones posibles para el acceso al agua

Para los centros urbanos quizás la inversión de pozos profundos y distribución por cañerías sea la mejor alternativa, aunque en “algunos pueblos tampoco esto ha ocurrido”. “La solución para el acceso al agua para consumo humano y productivo es muy compleja y depende de diversas tecnologías”, sintetiza.

“Para la otra mitad de la población dispersa la captación de agua de lluvia es quizás la única alternativa válida”, sugiere, e ilustra con un programa efectivo de construcción de cisternas del que participa Fundapaz. Se trata de cisternas de placa de 16.000 litros, calculadas para abastecer una familia durante 8 meses de sequía, copiando un programa brasileño que en los últimos 20 años en una zona similar al Chaco Salteño construyó 1.2 millones de cisternas de este tipo y hoy abastece a 5 millones de brasileños. Desde 2016, en el caso de Rivadavia, funciona la Mesa del Agua, de la que participan organismos internacionales y nacionales, del tercer sector y del Estado. Hoy hay unas 200 obras construidas o en
construcción, aunque el plan para Rivadavia contempla la construcción de más de 2,000 cisternas.

 

No solo para beber

Una vez que se resuelve el tema del agua para el consumo humano, se ha de resolver la cuestión para la producción. “Aquí pozos donde el nivel de sal puede ser tolerado por animales o sistemas de captación de lluvia como represas, madrejones, reservas del lecho de las propias inundaciones, etc., pueden aportar agua para la producción animal y agrícola. También se pueden promover sistemas de cosecha de lluvia en cisternas de 52.000 litros con sistemas de riego por goteo, frutales, o pequeñas huertas”, sugiere Seghezzo.

Pero más allá de estas soluciones, advierte que “la zona tiene pendiente ejecutar un programa de reconversión ganadera integral que transforme el sistema actual de los criollos en un sistema de cría con ciertos niveles de manejo técnico en pasturas, sanidad, comercialización, etc. Y para las comunidades promover sistemas ganaderos y agrícolas acordes a su forma de producir con un sistema de aprovechamiento forestal técnico y aprovechamiento de productos no madereros como miel, artesanía, brea, pesca, entre otras.

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No solo el agua

Como si fuera poco, en algunas zonas “existen a su vez personas que hacen una explotación ilegal de madera, robándola de territorios fiscales o utilizando los niveles de pobreza para que las propias comunidades o familias criollas les vendan palo santo, algarrobos, quebrachos a precios bajísimos”. Además, pesca y venta sin control sobre los ríos, tráfico ilegal de drogas y animales en la frontera con Bolivia, afectan las posibilidades de desarrollo.

 

Ver más allá de la emergencia

La situación clama al cielo, advierten los medios de comunicación, tras la muerte de los niños. Pero, advierte Deghezzo y muchas otras organizaciones que trabajan en la zona desde hace décadas, lo que hoy se vive es “hace décadas igual”.

“Para sacar esta zona del atraso actual hay que trabajar décadas correctamente y constantemente. Entregar la tierra, hacer las mejoras y dotar de los servicios mínimos como escuela, agua, salud, hay que instrumentar un programa de manejo de los recursos naturales para que las familias puedan desarrollarse en sus lugares de origen, entre otras medidas”, sugiere.

 

Una mirada con esperanza

En Fundapaz, como en muchas otras organizaciones que apuestan a combatir el olvido y sanar las heridas y enfermedades de hoy, hay esperanza.

“A pesar de todo estos problemas y la pobreza extrema fomentada entre otras cosas por el clientelismo político, es una zona de un enorme potencial productivo y de vida. Es un territorio enorme, con grandes extensiones de tierra, de ríos caudalosos, de fauna y flora espectacular –aunque degradada-, con una población poco numerosa comparada con otras regiones. Sólo se necesitan algunos elementos básicos para pensar un programa de desarrollo rural concreto y que en algunos años cambien la realidad de la zona. Podemos decir que es una zona olvidada, desigual, abandonada de todo esquema de política pública y de inserción social, pero para nada es una zona pobre, sin recursos, ni posibilidades de resolver sus propios problemas”, completa.

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