About Fundación para el Desarrollo en Justicia y Paz

Somos una organización civil sin fines de lucro que trabaja desde 1973 en el norte argentino para mejorar la calidad de vida de comunidades campesinas e indígenas.

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Reconocer las raíces para construir el futuro

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¿Qué cosas nos identifican con el lugar donde vivimos? ¿Qué aprendimos de nuestros abuelos? ¿Qué queremos cuidar y qué futuro imaginamos para nuestras comunidades? Jóvenes del Pueblo Guaraní se encontraron en Jujuy para compartir estas preguntas y comenzar una nueva etapa de formación y trabajo colectivo en el marco de una iniciativa que impulsamos desde FUNDAPAZ con el apoyo de Adveniat.

Un tucán. El yaguareté. Un lapacho. El río Piedras. La caña de azúcar. El Arete Guasu. Con esas palabras, elegidas por los propios jóvenes para contar algo del lugar del que vienen, comenzó el taller “Juventudes y Territorio”, realizado en Libertador General San Martín, Jujuy.

Participaron 21 jóvenes de Yuto, Bananal, Fraile Pintado, Calilegua y Libertador, integrantes de distintas comunidades indígenas guaraníes, como Cuape Yayembuate, Hermanos Unidos, Caminemos Juntos, Colla Guaraní e integrantes de la Casa Pastoral. La propuesta fue detenerse a mirar el territorio que habitan, reconocer aquello que forma parte de su identidad y pensar qué lugar quieren ocupar en su presente y su futuro.

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Un territorio es mucho más que un lugar

Durante la jornada, los jóvenes construyeron colectivamente mapas de sus territorios. Pero no se trató solamente de ubicar lugares. En esos mapas aparecieron las Yungas, los ríos San Lorenzo y Piedras, los cultivos de banana, mango, cítricos y tomate, la caña de azúcar y el ingenio. También estuvieron presentes las celebraciones, las máscaras guaraníes, el Pim Pim, el Arete Guasu y aquellas comidas que los participantes asociaron con el “olor a casa”: locro, tamales, humitas y chicha.

También se preguntaron por el paisaje sonoro: cómo suena el territorio. Y entonces aparecieron el viento, la lluvia, los pájaros, los sapos y el carnaval, junto con otros sonidos que forman parte de la vida cotidiana, como los vehículos que circulan por la Ruta 34.

Reconocer todo aquello que los rodea llevó también a preguntarse qué quieren proteger. Entre las respuestas surgieron el agua, la tierra y los bosques, el cuidado de animales como el tapir y el tucán y, especialmente, el respeto y la valoración de los adultos mayores.

 

“¿De qué estoy hecho?”

Hacia el final del encuentro llegó otra pregunta. Cada participante recibió la invitación a mirar hacia adentro y completar una silueta con palabras que expresaran aquello que forma parte de su identidad.

Las respuestas volvieron a unir pasado, presente y futuro: “el aprendizaje de mis abuelos”, “las historias de mi comunidad”, “creencias ancestrales”, “la riqueza de la tierra en la que vivo”, “las enseñanzas de mis padres” y “sueños por cumplir”. Detrás de esas palabras aparece una de las ideas que guía este proceso: para poder imaginar hacia dónde ir, también es necesario reconocer de dónde venimos.

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Una nueva etapa de un camino compartido

El taller forma parte del proyecto “Fortalecimiento institucional y organizativo de las juventudes del Pueblo Guaraní y Wichí”, que llevamos adelante con el apoyo de Adveniat, dando continuidad a un trabajo conjunto que venimos desarrollando desde hace varios años.

A lo largo de ese camino hemos generado espacios de encuentro y formación para que jóvenes wichí y guaraní puedan fortalecer su identidad, construir sus proyectos de vida, desarrollar capacidades de liderazgo y participar activamente en las decisiones y procesos que atraviesan a sus comunidades.

Ese recorrido también incluyó intercambios entre jóvenes de distintos territorios y el acompañamiento de emprendimientos productivos, buscando que puedan generar oportunidades económicas sin que eso implique necesariamente alejarse de sus comunidades, sino encontrando también posibilidades de desarrollo desde sus propios territorios.

“Juventudes y Territorio” abre ahora una nueva etapa de ese proceso. Es el primer encuentro de un trayecto que continuará trabajando sobre la identidad, la participación y los proyectos de vida de las juventudes, buscando que sean capaces de reconocerse desde sus raíces y, desde allí, empezar a pensar sus sueños y proyectos para el futuro.

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Cultivar alimentos, fortalecer comunidades

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A través del Programa “Fortalecimiento de Huertas Familiares”, estamos acompañando a comunidades indígenas de Salta con una iniciativa que combina capacitación, asistencia técnica y trabajo comunitario, buscando avanzar hacia una mayor soberanía alimentaria.

Preparar la tierra, elegir qué sembrar de acuerdo con la temporada, aprender a producir compost o encontrar formas naturales de proteger los cultivos de las plagas: detrás de cada huerta hay conocimientos, trabajo y decisiones que pueden hacer una diferencia importante en la alimentación cotidiana de una familia.

Con esa mirada, desde FUNDAPAZ llevamos adelante en Salta el Programa “Fortalecimiento de Huertas Familiares”, con el apoyo de KIA. La iniciativa busca acompañar a familias y comunidades para que puedan producir una mayor diversidad de alimentos, fortalecer sus capacidades y avanzar hacia una mayor autonomía alimentaria, aprovechando los recursos disponibles y cuidando el ambiente.

En este marco, una de las actividades más recientes se realizó en la comunidad El Artesano, Los Blancos, donde familias de seis comunidades indígenas participaron del taller “Alimentando el Buen Vivir”. Con la guía de los ingenieros agrónomos Víctor Pino y Natalia Barragan, se compartieron conocimientos y experiencias sobre siembra de temporada, preparación de almácigos, elaboración de compost, construcción de cercos, manejo de plagas y asociación de cultivos. Más que transmitir una serie de técnicas, estos espacios buscan recuperar y poner en común conocimientos, aprender de la experiencia de otras familias y encontrar alternativas que puedan aplicarse en cada comunidad.

Como parte de la actividad también se instaló un pluviómetro, en articulación con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Organización Meteorológica Mundial. Contar con información sobre las lluvias permitirá conocer mejor las condiciones locales y disponer de una herramienta más para planificar la producción.

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Una huerta que empieza mucho antes de la siembra

Además de los talleres, en distintos parajes de la zona, nuestro equipo territorial viene acompañando a las familias en sus propias huertas, preparando la tierra y planificando la producción para la nueva temporada.

Cada huerta tiene sus características y sus desafíos. Por eso, el acompañamiento parte de las posibilidades de cada familia y de cada comunidad: el suelo disponible, el acceso al agua, las semillas, los conocimientos existentes y aquello que se necesita fortalecer.

Las huertas familiares y comunitarias permiten producir alimentos frescos y diversos para el autoconsumo y, al mismo tiempo, disminuir la dependencia de alimentos que deben comprarse o trasladarse desde otros lugares. Pero su importancia va más allá de lo productivo.

Cuando las familias se organizan para preparar la tierra, intercambiar semillas, compartir conocimientos o encontrar soluciones frente a problemas comunes, la producción de alimentos también se convierte en una oportunidad para fortalecer los vínculos comunitarios.

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Producir cuidando el territorio

Esta iniciativa forma parte de una línea de trabajo más amplia de FUNDAPAZ: nuestro programa de Producción sostenible y agroecológica, mediante el cual acompañamos a familias campesinas e indígenas para que puedan cultivar alimentos y criar animales de manera sostenible, mejorar sus ingresos y, al mismo tiempo, cuidar los recursos naturales de los que dependen.

Promover prácticas agroecológicas significa producir mirando también hacia el futuro: conservar la fertilidad de los suelos, aprovechar mejor el agua, diversificar los cultivos y buscar alternativas que reduzcan el impacto sobre el ambiente.

En territorios donde acceder a alimentos variados y de calidad puede resultar difícil, contar con una huerta propia adquiere un valor especial. Significa recuperar capacidades, generar alimentos cerca de casa y fortalecer la posibilidad de que las propias comunidades participen de las decisiones sobre qué producir y cómo hacerlo.

Una huerta puede comenzar con una pequeña parcela de tierra y algunas semillas, pero lo que crece alrededor de ella puede ser mucho más: alimentos, conocimientos compartidos, autonomía y comunidad.

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