Taller c indígena

Acciones que buscan una reparación histórica en el norte salteño

El Estado provincial ya cuenta con un Protocolo de Consulta Previa, Libre e Informada (CPLI) para utilizar antes de que se realice una obra pública en la zona de trabajo de la Mesa de Agua del Chaco Salteño. 

Las organizaciones indígenas y criollas que participan en la Mesa de Agua del Chaco Salteño serán consultadas cada vez que el Estado planifique realizar alguna obra de infraestructura en la que esté implicada el territorio y la vida de las familias. 

 

Así lo establece el Protocolo de Consulta Previa, Libre e Informada (CPLI) que se elaboró conjuntamente con las organizaciones en talleres que se hicieron en diferentes localidades de los departamentos salteños de General San Martín, Rivadavia Banda Norte y Rivadavia Banda Sur, y que luego de un año de trabajo se entregó en abril último, a  la ministra de Acción Social de Salta, Silvia Vargas,  y que deberá ser utilizado previamente a  toda y en cada una de las obras públicas o emprendimiento privado que se realice en las zonas de trabajo de la Mesa de Agua del Chaco Salteño.

 

Cristina Rosetto viven en La Unión, municipio de Rivadavia Banda Sur, es miembro de la organización Asociación de ganaderos de la Unión, y también es técnica extensionista del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Para ella la existencia de este mecanismo de consulta es muy importante porque “muchas veces llegan a la zona donde vivimos proyectos de instituciones del Estado con un plan o una idea que se quiere imponer, sin que haya una participación activa de las organizaciones del territorio. Ahí está la importancia de este protocolo, que propone que la gente local sea consultada que es la que conoce las necesidades puntales del lugar”.

“En Rivadavia Banda Sur fue la primera vez que se hizo este taller. Incluso  yo no sabía lo que era una consulta pública y la obligación que existe de hacerla antes de que se inicien obras. Hace mucho nos llamaron a una consulta pública cuando se estaba construyendo la Ruta Provincial 13, que ahora la tenemos asfaltada.  Por eso, el taller sobre el CPLI nos abrió la cabeza a todos los que participamos, y esto es un gran adelanto para la gente ya que se dan cuenta que pueden ser actores activos sobre las obras que se hagan en el territorio”, destacó Cristina.

Ramón Torres de la Asociación de Pequeños Productores y Familias Criollas del Lote 26, de Rivadavia Banda Sur, coincide en la importancia que tiene la norma: “El protocolo nos sirve como una herramienta legal y técnica a la hora de construir cisternas para cosechar agua de lluvia. Si la provincia o quien fuera baje a la zona con un programa para construir cisternas, esto nos sirve a las organizaciones para dar a conocer nuestra forma de trabajar y unificar los criterios que figuran en el protocolo, porque hoy en día hay muchas instituciones que hablan de la construcción de cisternas pero no trabajan de la misma forma. 

Por su parte, Néstor Montes, cacique de la comunidad La Pantalla, de Los Blancos, destaca que durante los talleres los miembros de su comunidad pudieron entender lo que plantea esta norma con respecto a las obras de agua “nosotros como comunidad ya tenemos un esquema de consulta previa más amplio que no se está cumpliendo porque no hay un seguimiento, pero esperamos que en este caso esta herramienta si sirva, y la consulta previa funcione como tal”.

Antecedentes de la norma

La propuesta de elaboración del Protocolo tuvo lugar en una Asamblea de la Mesa de Agua, a fin de cumplir con el Convenio 169 de la OIT, referida a las comunidades indígenas y a la Ley nacional 25.675 de la Nación. Fue realizada por FUNDAPAZ y el Instituto de Derecho Ambiental y Sustentabilidad (IDEAS) de la UCASAL, ambos integrantes de la comisión directiva de la Mesa, que firmaron un convenio para llevarlo adelante.

 Dicho Convenio también incluyó a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas con apoyo de la Oficina del Coordinador Residente Argentina; ONU Mujeres, y GEISA (Grupo de Estudios e Investigaciones Socio-Ambientales) perteneciente al Instituto de Investigaciones en Energía no Convencional (INENCO -CONICET-, UNSA). Este último organismo participó con el propósito de incorporar uniformidad en los criterios de calidad de agua y pautas de manejo mínimo que deberían seguirse para que se acceda a agua segura.

Existe un marco normativo internacional, nacional y provincial, por el cual la CPLI es un derecho reconocido para los pueblos indígenas como una acción de reparación histórica, como por ejemplo, el Convenio 169 de la OIT (1989), vigente en Argentina desde 1992; la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas (2007), la Constitución Nacional de 1994 y las constituciones provinciales.

productores y cabras

Se afianza la actividad de los pequeños productores caprinos en el norte de Santa Fe

La meta de mejorar la producción y comercialización de cabras que se puso el grupo de 20 pequeños productores, miembros de la Unión de Familias Organizadas de Pequeños Productores de la Cuña Boscosa y Bajos Submeridionales de Santa Fe (UOCB) cuando iniciaron el Proyecto de Inclusión Socio-Económica en Áreas Rurales (PISEAR) del Ministerio de Agroindustria, está dando los primeros resultados.

Tras participar de varios encuentros de asistencia técnica, desarrollados por FUNDAPAZ, se pudo analizar las necesidades que tenían las familias productoras, para luego comenzar a mejorar los corrales, trabajar en el manejo caprino, manejo de las pasturas y del monte. Luego de casi un año de trabajo, ya se realizaron tres faenas en la sala de faena de la UOCB, consolidando así la cadena de producción y comercialización de carne caprina de la Cuña Boscosa Santafecina.

Julia Juanovich junto a su marido viven en Fortín Olmos, norte de Santa Fe, y crían chivas, ovejas, cerdos, vacas y animales de granja. «Tenemos una majada de 60 chivas madres que tienen muy linda genética, dos reproductores y 30 chivitos. Con este proyecto pudimos mejorar muchas cosas, por ejemplo los chivitos ya tienen el corral completo con su techo y todo. Además estamos vendiendo bien«, cuenta entusiasmada y agrega que trabajar en grupo les permite entregar a la sala de faena alrededor de 90 chivitos al año.

«Estamos vendiendo a las carnicerías de Reconquista, Avellaneda, Vera, Malabrigo  y a particulares. La época de mayor venta es en diciembre o días de fiestas. Ahora nos estamos preparando para el Día del Padre«, explica.

Dentro de la cadena de comercialización, la sala de faena de la UOCB, que se encuentra en la localidad de Fortín Olmos, cumple un rol muy importante para los productores: les permite  vender los cabritos todos juntos en uno o dos momentos del año, en vez de hacer ventas eventuales y esporádicas.

cabras corral

Que sean los mismos socios de la organización quienes abastecen de animales para la faena, le permite a la UOCB contar con mayores ganancias por la actividad, y esto se traduce en mayores beneficios para estos productores.

Cabe destacar que esto es posible gracias a que la UOCB interviene en toda esta cadena. Sus socios son los que abastecen de animales a la sala, los operarios de faena son propios de la organización, y  al contar con vehículo de frío propio, no existe gasto extra de transporte hacia las carnicerías.  Que todo esto sea posible sin la necesidad de un intermediario externo hace a la UOCB una de las asociaciones campesinas mejor organizadas de la zona santafesina.

 Muchas de las familias campesinas del norte argentino se dedican a la cría de ganado menor (cabras, ovejas o cerdos), por lo general  orientada al autoconsumo. Cuando el nivel de producción les permite iniciar un proceso de comercialización, no sólo prospera  la  economía familiar, sino que mejora la calidad de vida y se fortalece el arraigo al territorio. Por eso, celebramos los resultados que se están obteniendo con este proyecto.

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